Puedes saber que tipo de piel tienes observando como se siente unos minutos después de limpiarla (Si no te aplicas ningún producto de cuidado de la piel), examinando tus poros, y poniendo atención a qué tan grasa se ve o siente tu piel durante el día. Además, toma nota de cualquier condición específica de tu piel, como acné, sensibilidad o enrojecimiento. Esto también puede darte pistas sobre tu tipo de piel.
Piel Normal:
- Después de limpiar: La piel se siente cómoda y balanceada.
- Poros: Los poros son apenas visibles y tu piel se ve suave.
- Oleosidad: La piel permanece relativamente seca y no se vuelve excesivamente grasa.
Piel Seca:
- Después de limpiar: La piel se siente estirada, seca e incómoda.
- Oleosidad: La piel se mantiene relativamente seca y no se vuelve excesivamente grasa.
- Condiciones de tu piel: La piel podría ser más sensible o propensa a descamación.
Piel grasa:
- Después de limpiar: La piel se siente grasa, especialmente en la “zona T”.
- Oleosidad: La piel se pone muy brillosa y con sensación grasosa a lo largo del día.
- Condiciones de la piel: La piel es más propensa al acné.
Piel mixta/combinada
- Después de limpiar: La piel se siente cómoda y balanceada.
- Poros: Poros más grandes en la “zona T” pero más pequeños en las mejillas.
- Oleosidad: Al inicio la piel se siente balanceada pero se vuelve grasa en la “zona T” conforme pasa el día.
Los métodos anteriores son guías generales.
Cada piel es única, y es importante escuchar las necesidades específicas de tu piel. Si no tienes la certeza de qué tipo de piel eres, podría serte de ayuda consultar con un dermatólogo o un profesional del cuidado de la piel para un diagnóstico más acertado.
Independientemente de tu tipo de piel, existen algunos básicos que todos deberían incluir en su rutina de cuidado de la piel:
- Usa protección solar: Todos los tipos de piel son propensos al daño por luz solar. Aplica protector solar con un mínimo de 30 SPF para proteger tu piel de los dañinos rayos UV. Reaplica protector solar cada cierto tiempo especialmente cuando estás expuesto a la luz solar.
- Exfoliar regularmente: La exfoliación ayuda a remover las células muertas de la piel y favorece la renovación celular , dando a la piel una apariencia fresca y radiante. Es recomendado usar exfoliante físico o químico de 2 a 3 veces por semana.